viernes, 29 de junio de 2012

RELACIONES DE PAREJA: DEL TEDIO A LA PASIÓN.

En lo referente a las relaciones de pareja la discografía oficial de Sabina aborda una serie de situaciones relativamente acotada, a saber: la pérdida, el idilio, la crítica a la convivencia, el encuentro ocasional, la infidelidad, la apelación al sexo. La elección temática basta por sí sola para empezar a configurar al sujeto que habla en y acerca de esas situaciones: el Sabina mujeriego y renuente al matrimonio. Pero lo curioso y revelador es que si observamos el resto de la producción inédita o compuesta exclusivamente para otros artistas, el espectro de situaciones se amplía y abarca escenas y posicionamientos que contrastan y hasta se oponen ideológicamente a este discurso por todos conocido. Así aparecen la figura del tercero excluido, en Dos mejor que uno (“Cuando ella te dijo “me caso contigo”/a mi me tocó en la función el papel de testigo”), el amor plátónico, en Dirección Granada (“Muchacha de los ojos tristes/Y las manos frías/Los besos que jamás me diste/Queman todavía”) o la condena a la infidelidad (Doble vida) que no cierran con la construcción de su personaje básico, lo cual, además de subrayar el carácter comercial (o más bien industrial) del compositor Sabina (aquel que compone por encargo y a medida para otros, cosa que por otro lado jamás ha negado), revela que que su célebre personaje libertario y juerguista, más allá del innegable componente autobiográfico, no es más que una construcción perfectamente calculada.
Dentro del conjunto de canciones relacionadas con el tema se puede establecer
a) Una gradación que va de la celebración (canciones sobre prostitutas o encuentros ocasionales) a la condena (canciones que plantean relaciones matrimoniales o una convivencia prolongada). En medio, la relación efímera, cortada a tiempo, que son además las canciones de pérdida, en tanto y en cuanto siempre es la mujer la que pega el portazo.
b) Una ecología conformada por diferentes momentos: idilio – romance – tedio – ruptura – compás de espera – nuevo comienzo. El sujeto amoroso enunciará desde diferentes puntos de esa rueda. En su conjunto constituyen un neo tratado sobre el ciclo vital del amor.

Ayer Julieta denunciaba a Romeo…
El posicionamiento contra el matrimonio (o la convivencia prolongada, de la cual no es más que un subrayado) ya aparece en la ópera prima, Inventario, como breve mención en el tema homónimo (“Los papeles que nunca nos unieron”) y hábilmente planteado en el retrato del quinielista, antecesor de los personajes “de traje gris”, en los cuales la vida matrimonial efectiva o en ciernes es un jalón más en su futuro de derrota y depresión. El personaje que va “con su novia al cine, donde explora, con inútil pasión sus blandos senos” introduce una historia repetida y anunciada. De allí en más, hasta la declaración de principios de “Yo también se jugarme la boca” (“Porque siempre hubo clases y yo/No doy bien de marido”, de Dímelo en la Calle, el tema estará presente casi sin interrupción. El único disco donde está ausente –más por una casualidad estadística que por otra cosa- es Malas Compañías.
Tal vez sea “Amor se llama el juego” la canción que mejor resumen el ideario la visión de Joaquín sobre el tema: “El agua apaga el fuego y al amor los años/Amor se llama el juego en el que un par de ciegos/ Juegan a hacerse daño”. Menos filosófica, más visceral, Contigo retoma la atmósfera pesada de malestar. En ambos casos el sujeto habla como parte involucrada desde el mismísimo momento del derrumbe. En cambio en Ruido, si bien el sujeto está por fuera, como observador relatando una historia clausurada, el clima de desasosiego está reforzado por el magnífico tratamiento musical. Resulta interesante señalar que las últimas ocasiones en que se vuelve a plantear el tema (Pero que hermosas eran y El café de Nicanor) hay una distancia irónica generada por el humor.
Dos excepciones que confirman la regla: Cuando era más joven y Rebajas de enero celebran la convivencia, aunque no el matrimonio.

Ponle un par de cuernos a tu depresión.
El padre de familia que se trasviste (Juana la Loca) o el que se exhibe debajo de su gabardina (Negra noche) no son más que formas extremas de evadir el tedio y la falta de emoción de los años acumulados de convivencia. Más liviana y convencional puede ser la salida elegida por el personaje de ¿Quién me ha robado el mes de Abril?: “El marido de mi madre en el último tren se largó/Con una peluquera veinte años menor”. Si bien en esta canción, la mirada compasiva se dirige al derrotado, no hay condena sino más bien un principio de comprensión hacia quien abandona y no podía ser de otra manera. Para Sabina en el fin de la pareja no hay: “Ni inocentes ni culpables”, solamente “Corazones que desbroza el temporal/Carne de cañón”.
Cuando no acaban mal el matrimonio o la convivencia prolongada, necesitan licencias compensatorias, de ahí el sano consejo de Cuernos (“Le pondrán a tu … su sal y su pimienta”). Una de las variantes de esta válvula de escape es el encuentro ocasional, que Sabina se encarga de celebrar hasta el cansancio (Quedate a dormir, Juegos de azar, Medias negras, Y nos dieron las diez). Peor para el sol contiene la imagen definitiva en torno al tema: “Nos sirvió para el último gramo/El cristal de su foto de bodas”.
Sabina ha fijado claramente su posición sobre el tema en la magnífica y transgresora Y sin embargo: “De sobra sabes, que eres la primera/Que no miento si juro que daría/Por ti la vida entera/Y sin embargo, un rato cada día/Te engañaría con cualquiera/Te cambiaría por cualquiera”. Detrás de esta postura está la revalidación del origen animal e instintivo del hombre, contra el cual la cultura actuaría instituyendo (por cuestiones organizativas y de control) la célula de la monogamia y la familia. De hecho, en Los cuentos que yo cuento, que define como una “historia familiar de cierto aunque lejano parecido con la realidad”, la unión primigenia de Adán y Eva deriva en la actual sociedad capitalista.
Otro aspecto de lo compensatorio matrimonial es la celebración de la prostitución. Si bien hay una temprana mención en Por el túnel m(“tu oficio no es peor que los demás”), el homenaje abierto no se dio hasta Yo, Mi, Me, Contigo, (Aves de paso; Viridiana) y logra su exponente máximo en “Una canción para la Magdalena”: “Acércate a su puerta y llama/ Si te mueres de sed/Si ya no juegas a las damas/Ni con tu mujer”. Desde una perspectiva feminista, la estilización romántica de Sabina puede resultar egoísta y reaccionaria, pero hay que reconocer que su homenaje es sincero.

La pasión, por definición, no puede durar.

La célebre frase de Mentiras piadosas pretende clausurar de una vez para siempre, con su carácter cuasi-científico el debate en torno al amor de pareja. Si la convivencia prolongada más allá del amor deviene en situaciones donde los corazones son “desbrozados por el temporal” (Amor se llama el juego); la ruptura a tiempo se valora positivamente.
A diferencia del Serrat de Sinceramente tuyo, que hace tripas corazón y resiste las lágrimas de la chica, Sabina puede mostrarse duro sólo luego de un encuentro ocasional (y a veces de manera descortés como en Olvídate de mi) pero nunca romper una relación con historia (lo más cercano es Amor se llama el juego, pero no habla, sólo describe la situación a la chica).
En consecuencia es siempre es la mujer la que se va, como la heroína de Amores Eternos: “Antes que la carcoma de la vida cotidiana/Acabara durmiendo en nuestra cama(…)/Se fue de madrugada, no quiso ser de nadie”. La mitad de los temas que plantean la relación de pareja son temas de pérdida (a veces hasta los encuentros ocasionales acaban dejando al sujeto con es sentimiento: Medias Negras; Y nos dieron las diez). La pérdida es más dramática cuanto más reciente, el tiempo la distancia sólo deja una tenue nostalgia buenos recuerdos.

Lázaro, levántate y anda.
Sin embargo (y esto es una marca clave en Sabina) el sujeto no se quedará en casa llorando, saldrá a buscar aventuras, como en Que se llama soledad o Como un explorador que concluye con el genial “Comprendí que a veces gana el que pierde una mujer”. Cuando aparece la crítica hacia la mujer nunca es en el sentido tanguero del reproche por el abandono sino todo lo contrario, por quedarse, son críticas a la convivencia.
El volver a empezar, mandato que sigue al desencuentro amoroso, es tema central en numerosos temas: Que se llama soledad, Como un explorador y El rock and roll de los idiotas. Está como acto reflejo en la inacción del sujeto de Calle melancolía: “Busco acaso un encuentro que me ilumine el día” y encuentra su imagen definitiva en Peces de ciudad, que muestra al sujeto “Luciendo los tatuajes de un pasado bucanero...” en un presente cargado de comienzos y experiencias.
En el orden social, el sujeto poético de Ring ring ring arenga a la heorína caída a continuar: “Anda reina, muevete”.

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